Supuestamente lo hacía para proteger la reputación de Ana.
Isabella se negaba a creer que alguien tan distinguido pudiera interesarse por una persona inferior a ella en todo sentido. ¿Qué tenía Ana de especial? Se mordió los labios con rabia, sus hermosas facciones contraídas por el despecho.
—¡No puede ser un error! ¡Ana es una arribista! Como no pudo casarse con mi hermano, ¡ahora va tras mi tío! ¿Cómo puede existir alguien tan repugnante? —Paula despotricó durante largo rato hasta quedarse si