Pero después de escuchar a María, Ana ya no estaba tan segura. Necesitaba tiempo suficiente para digerir toda esta compleja información.
Apenas había llegado a casa cuando recibió la llamada de Javier. —Señorita Vargas, ¿está libre esta noche? Me gustaría hablar con usted en persona sobre algo.
—...Envíeme la hora y el lugar —respondió Ana.
Perfecto. Ahora surgía otro dilema: ¿Debería decirle a Javier que solo era un reemplazo? Si lo hacía, no tendría sentido intentar una reconciliación. Mejor t