Con este pensamiento, Paula se llenó instantáneamente de valor. Se liberó con todas sus fuerzas del agarre de Selina, dio un paso atrás y su rostro rebosaba de malicia —Selina, ¡tú te lo buscaste!
¡Atreverse a quitarle a ella, a Paula, el chico que le gustaba! Ya no importaba si eran amigas, ¡incluso si fueran hermanas de sangre, no dudaría en golpearla!
—Paula, no te preocupes, ¡te garantizamos que le dolerá!
—Traje mi cámara. Paula, tú quédate a un lado grabando. Este pequeño asunto, déjanoslo