El incidente era como una espina clavada en el corazón de Mateo, que le irritaba cada vez que lo recordaba. —¡Mateo, si no sabes hablar, mejor cállate! —lo reprendió Ana con frialdad, mirándolo como si fuera basura. —¿Qué pasa, di en el clavo y te enfadaste?
Mateo estaba convencido de ello. Sus hermosos rasgos se tornaron mordaces – nadie creería que estas dos personas habían sido pareja durante siete años. Javier chasqueó la lengua mentalmente y dijo: —Mateo, no seas hipócrita.
Cuando Mateo pro