Ana acababa de salir de urgencias con Lucía cuando recibió la noticia. La mujer, pálida y sudorosa, se apoyaba completamente en Ana – un segundo antes gritaba insultos con energía, y al siguiente la atacó una gastritis.
—Lucía, toma el día libre mañana para descansar —Lucía asintió débilmente mientras caminaban hacia la sala de infusiones. —Alejandro se lo merece... Y ni siquiera murió, qué resistente... —mascullaba Lucía, mientras Ana asentía ocasionalmente.
Después de acomodar a Lucía, Ana fue