Mateo llamó a Gabriel directamente por su nombre. Ya ni siquiera quería usar el término "tío".
Manuel, presintiendo la gravedad de la situación, inmediatamente despidió al resto del personal de la sala, dejando el espacio exclusivamente para ellos. Con el sonido de la puerta al cerrarse, la atmósfera en la habitación cayó a cero.
La tensión era tal que nadie se atrevía ni a respirar.
Mateo bloqueó su camino, su corpulenta figura resultaba extremadamente intimidante. Frente a frente con Gabriel,