Laura irrumpió furiosamente en el lugar. Al localizar la posición de Ana, levantó la mano para darle una bofetada, pero las cosas no salieron como ella esperaba – Ana le agarró firmemente la muñeca con tanta fuerza que Laura torció el rostro de dolor, sin mostrar ni un ápice de la elegancia que se esperaría de una dama de alta sociedad.
—¡Ana! ¿Te crees que puedes hacer lo que quieras? ¿No te bastó con golpear a Isabella, ahora quieres pegarme a mí? —Laura había venido a buscar justicia para su