Como con un fogonazo de claridad, las palabras de Rafael despertaron a Tadeo de su ensueño.
El corazón del joven, hasta entonces tranquilo, se agitó de inmediato con ondas de inquietud.
Con razón al mirar a Lily siempre sentía que su rostro le resultaba familiar. ¿Acaso sus ojos y nariz no se parecían muchísimo a los de la familia Vargas?
—Pero eso tampoco prueba nada —dijo Tadeo.
Con su típico razonamiento directo, continuó:
—Ana también se parece a nosotros, ¿por qué no sospechas de ella?
Comp