Tadeo levantó la barbilla y soltó un desdeñoso resoplido.
—No te metas en mis asuntos. Mientras yo esté aquí, ¡no te acercarás a Ana!
Sus padres se lo habían dicho.
Mateo era el ejemplo de lo que no se debía hacer: mirar el plato ajeno mientras comía del propio.
¡Especialmente cuando ese plato estaba en mal estado!
Su criterio necesitaba mejorar.
Tadeo se golpeó el pecho prometiendo solemnemente que jamás se convertiría en un canalla como Mateo.
¡Si había que imitar a alguien, sería a Gabriel!
¡