Paula y Selina tenían una amistad fingida.
Desde aquel encuentro en el hospital, la relación entre ambas había cambiado sutilmente.
Aunque estudiaban en la misma clase, habían acordado tácitamente no buscarse.
En el fondo, Paula no quería perder la amistad de Selina. En su círculo, solo Selina era adecuada para confiarle sus emociones y, lo más importante, ¡le gustaban las chicas! Con orientaciones sexuales diferentes, evitaban por completo la incomodidad de enamorarse del mismo chico.
Por eso,