—Giana, ¿intentas aprovecharte de alguien inconsciente?El repentino sonido hizo que Giana retirara la mano instintivamente, estremeciéndose.
Se giró para ver a Ana apartando la cortina, saliendo.
Su rostro hermoso y frío mostraba un desprecio sin disimulo. Su cabello negro y piel blanca, completamente distintiva.
Giana se mordió el labio, llena de envidia.
—¡No me calumnies! Solo... ¡solo vine a ver a Gabriel!
Luego contraatacó: —¿Y tú qué haces escondida en la habitación de Gabriel? ¡Seguro que