Mientras Samuel se iba a donar sangre, Viviana quedó sentada en el suelo, como si hubiera perdido el alma.Sus ojos vacíos, su rostro completamente pálido.
Samuel había dicho que vio a otro hombre saliendo de su habitación...
Pero ella no tenía otro hombre, ¡para nada!
En ese breve lapso, Viviana pensó muchísimo.
Las palabras de consuelo de los demás le parecían vacías.
Bajo la mirada de todos, se levantó tambaleándose, con la voz quebrada: —Voy al baño...
Necesitaba estar sola.
Ana detuvo a Lucí