Hospital de Terraflor.—¡Déjenme pasar! ¡Todos apártense!
—¡Rápido, llamen al médico! ¡Rápido!
Médicos y enfermeras corrían empujando la camilla hacia el quirófano.
Viviana los seguía.
Ana la sostenía, consolándola: —Santi estará bien.
Quince minutos antes.
Santiago, destrozado, había salido corriendo de la comisaría y sufrido un accidente.
El pequeño yacía con los ojos cerrados, cubierto de sangre que helaba la sangre.
Nada que ver con el niño alegre de hacía unas horas.
El desastre había ocurri