Como si hubiera tomado una decisión definitiva, Ricardo apretó fuertemente el puño.Ana observaba cada cambio en su expresión.
Finalmente, preguntó lo que llevaba tiempo queriendo saber:
—Ricardo, ¿ustedes ya sabían que no tengo ningún lazo de sangre con ustedes?
—Sí, nosotros...
Ricardo respondió por instinto, sin pensar. Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde.
Ana lo miraba con una expresión de confirmación.
Siempre había tenido una respuesta en su interior, pero nunca había sido confirma