— He decidido que ya no voy a dividir gastos con Luis, yo me haré cargo de todos los gastos del hogar, y su dinero será para pagar las hipotecas de la casa y el coche, y lo que le sobre lo ahorrará para usarlo como regalo de boda cuando me pida matrimonio.
Milena hablaba con tanta convicción y seriedad que no había rastro de broma en sus palabras.
Ana sonrió forzadamente. — Qué lástima.
Milena: — ¿Eh?
Ana: — Qué lástima que no sea hombre, porque a una chica como tú la querría para mí sin dudarlo