Los pasos tras ella se acercaban cada vez más. Su sombra se fusionó con la oscura silueta que se proyectaba frente a ella.
En el momento en que el sonido cesó completamente, Ana giró repentinamente, sin dar oportunidad de reacción, y ejecutó una llave de judo que derribó al intruso al suelo.
Un gruñido ahogado escapó de los labios del hombre.
Las luces con sensor se apagaron y volvieron a encenderse.
Cuando Ana reconoció a la persona tendida en el suelo, su expresión de asombro fue evidente.
—¿S