Ana jugaba distraídamente con un bolígrafo entre sus dedos. La luz proyectada a su lado hacía que su piel pareciera aún más blanca y luminosa, para gran satisfacción de quienes apreciaban la estética de manos hermosas.
—¿Qué puedo pensar? Pues lo veo sentada, obviamente —respondió con despreocupación.
[Vaya respuesta más vacía.]
[Profesora, como ahora no hay mucha gente pidiendo hablar contigo, ¿podrías analizar a esos dos personajes?]
[Siento que hay algo sospechoso. Isabella tiene el respaldo