Fue empujada contra el marco de la puerta.
El aliento a alcohol mezclado con respiración ardiente le resultó extremadamente incómodo.
—¿Eres tú la que me han enviado? —preguntó el hombre.
Ana estaba confundida.
¿No había sido él quien la había arrastrado dentro? ¿Cómo se había convertido en "enviada"?
Su entrecejo se crispó, casi riéndose de la absurdidad.
La luz en el reservado era tenue, solo una lámpara ambiental brillaba en el rincón.
—Esta vez tienen buen gusto —murmuró el hombre con voz ro