Luego, su mirada se posó naturalmente en Ana, que estaba junto a Fabiola.
Ella le sostuvo la mirada con serenidad.
En aquellos ojos familiares ya no había amor hacia él.
Mateo lo sabía desde hace tiempo.
No pudo evitar apretar los puños.
—¿Y por qué no podría estar aquí? —preguntó Fabiola, mirándolo fríamente.
La presión de los lazos de sangre hizo que Mateo desistiera temporalmente de hablar con Ana.
—Me refiero a que este lugar no es apropiado para usted.
Club Oasis era un establecimiento legí