Nora
Ares se apoyó en la encimera con los brazos cruzados sonriendo, cuando me dirigí a abrir la puerta.
Sin embargo; antes de abrirla, sentí que me ponía blanca de repente.
Allí estaba mi madre, tan emperifollada como una modelo. Llevaba un vestido negro ajustado que resaltaba sus exuberantes curvas. Era corto y dejaba una vista perfecta de sus larguísimas piernas. Siempre me sentí pequeña al lado de ella. Pero en ese momento, me sentí muy poca cosa.
Ella colocó su cabello lacio por detrás