Ares
Desde la cocina me llegó el sonido estridente de la risa de mamá.
El aroma a macarons llenaba toda la casa y supe que pronto tendríamos a un batallón de hombres intentando ser alimentados por mi mujer. Lo que me hacía sentir entre orgulloso y celoso, en partes iguales.
Las dos últimas semanas, cada vez que llegaba a la casona, me preguntaban si Nora, les llevaría el desayuno esa mañana. Lo que no me gustaba ni una pizca. Pero, sobrepasaron el límite, definitivamente, cuando comenzaron a