Ares
Mi madre resopló cuando se dio cuenta de que la analizaba detenidamente.
—¡Ya deja de verme así, que no eres mi jefe!
Entrecerré los ojos.
—¿Dónde está Nora? —Ella se llevó el dedo a la barbilla —. ¿Has abierto la botella de vino, verdad? —Respiré profundamente, intentando mantener la calma —. Anda, dime, ya sabes que soy muy flexible.
Mamá lanzó una carcajada.
—Tú, no eres nada flexible —. Replicó divertida, recibiendo a León en sus brazos —. Ven aquí, cariño. Pero si estás muy guap