MARCO
Nonna tenía su punto de vista, yo tenía el mío, y ambos coincidíamos en que lo que sucedía en esas tierras era más que un simple negocio.
—Hace unas semanas —añadí, confirmando sus sospechas—, los Falconi, que eran los dueños, le cedieron la propiedad a Martinelli. ¿Por qué lo harían?
—Solo Dios lo sabe —dijo ella—. Solo el honor y la familia no tienen precio para ellos.
—Honor… Familia… Sí… Familia —repetí, de pronto electrizado—. ¡Los Falconi tienen una familia! Una familia prestigiosa