Angelina se deshacía en los brazos de Adriano, su delicado toque fue diferente a cualquier otro que hubiera experimentado antes de él. Esta vez fue tan protector y tan cuidadoso que incluso le infundió tal confianza, que por espacio de un minuto la pelirroja olvidó todos los fantasmas que habían estado merodeando en su cabeza durante los últimos días.
Las manos de Adriano la recorrieron despacio y devotamente mientras ella se derretía literalmente en sus brazos.
Alguien tocó a la puerta sacándo