— ¡Vengan por mí! Necesito que me saquen de aquí inmediatamente o los perros de Adriano van a destrozarme — Vico dijo con voz urgida al hombre que lo escuchaba desde el otro lado de la llamada.
— Señor, estamos muy cerca, ¿Pudo hacer lo que se proponía?
Vico sonrió maliciosamente en la oscuridad y la espesura de la noche.
— ¡Más que eso, hombre, más que eso! Lo he dejado con una espina clavada en medio de los sesos que le quitará la tranquilidad y lo volverá loco, y luego cuando haga mi jugad