Capítulo 48

Realmente debía de sentirse como todo un hombre de las cavernas por estar llevando a rastras a una mujer, pero lo cierto era que, para Santiago, estaba bien. Siempre fue un hombre que se dejaba guiar por sus impulsos, como ahora que hacía caso omiso a las protestas de la fémina y la conducía por un desolado pasillo. Cruzó varías puertas hasta que llegó a la indicada.

—Entra —demandó. Abrió la puerta y empuj&oacu

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