Capítulo XIII

El agua cristalina acaricia mis pies como si me trasmitiera tranquilidad. La corriente del río es suave, con un vaivén hipnótico.

Me he sentado a orillas del caudal, sobre una roca mohosa, alta, que me deja ver el sendero que me lleva a casa, pero no tengo ganas ni fuerzas de levantarme de aquí. Mamá siempre fue dulce, le encantaba salir con nosotros para mostrarnos su jardín con centenares de flores; las dalias azules eran mis favoritas, siemp

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