Capítulo LXXXVI

Poco a poco se abre paso a la vista más casas; justo el mismo caminó que tomó Vukmir al llevarnos al Palacio Real.

—Recuerdo haber pasado por aquí cuando era niño, hacia un campamento de verano que quedaba cerca de un pequeño pueblo —me susurra Atlas, encorvándose para que lo oiga.

Vamos detrás de mi padre, Sircoft y Bear. Zelig no se me aparta, es un buen niño.

—¿Y luego qué, i

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