Capítulo LVI

La quemazón en mi mejilla no me hace retroceder, ni tan siquiera trastabillar. Recibo la indignación mediante ese gesto. Ingiero saliva y no titubeo, mantengo el mentón firme y muestro serenidad, aunque en realidad estoy nerviosa. Hace mucho que no me pegaba, es más, nunca llegó a tocarme. Siempre fueron regaños verbales por parte de ambos, de mamá y papá, pero rebosé un límite, así que lo entiendo.

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