Capítulo 3. Intentando escapar.

Elizabeth Wardwell.

Luego del altercado con el alfa, en donde me besó a la fuerza, me sentí aún más determinada por escapar. En mi sueño, los ancestros me dijeron que él era mi alma gemela y efectivamente, lo era. Pude sentir las chispas en mi piel cuando me tocó. Pude experimentar como el vínculo de pareja se clavó profundamente en mi pecho.

¿Qué demonios se trae el destino con emparejarme con ese asesino? Asesinó a sangre fría a mis padres, mata por deporte. No le interesaba si son niños, mujeres u hombres los que tenía adelante. Para él, todos éramos lo mismo: unos fenómenos de la naturaleza.

Revisé la habitación, buscando alguna vía de escape, pero no había nada. Todas las ventanas de la habitación tenían barrotes, que impedían que nada saliera o entrara. Revisé el baño y era exactamente lo mismo.

Suspiré en señal de frustración al no saber que hacer. Me dejé caer en la cama mientras toqué mi frente. ¿Qué quería decir con tener una colección de bellezas raras? Estaba más enfermo de lo que creí. Solo esperaba que las que las demás no fueran tan estúpidas como yo dejándose atrapar y no terminaran aquí.

 Toc, toc, toc.

Arrugué el ceño, incómoda de que el golpeteo impetuoso de la puerta me sacara de mis pensamientos. Escuché que pasaban la llave, desbloqueándola. Esta se abrió de golpe e ingresó otro hombre.

Era alto. Cada músculo se marcaba bajo la camisa; llevaba el pelo rubio despeinado; ojos grises, nariz perfilada y una mandíbula fuerte. Tenía un aire de surfista. Era ridículamente atractivo, y eso ya era decir mucho.

No sé qué opinas, pero yo me dejaría martillar por él como pájaro carpintero. —¿En serio? ¿Ahora te pones caliente con el enemigo? ¡Qué útil eres, saboteadora!

Su mirada era igual de fría que la del alfa. Por el aura que emanaba de él, podía notar que era el beta. Sentí el aura, pero en realidad no me dañó en lo absoluto. Esto era una verdadera noticia… nunca había pensado en eso. Lo que me recordaba, ¿Por qué Drake creía que tenía una loba? Mis padres eran brujos, los mejores de su aquelarre. No tenía sentido…

Si nuestras fuentes estaban en lo correcto, su nombre tenía que ser Lucio. Se me quedó viendo unos segundos en silencio. Levantó una ceja y luego dijo: —debes bañarte y colocarte ropa limpia. Hueles al aquelarre y aquí odiamos ese olor a bruja pestilente. Eres nuestra Luna y entre antes te comportes y te adaptes, mejor será para todos.

Levanté mi barbilla y le dije: —es como evidente que huela al aquelarre, si soy una bruja. ¿No lo crees? ¿o eres demasiado estúpido para verlo? —Sabía que no debería hablarle al hombre que me tiene retenida así y que estaba en total desventaja aquí, pero que es lo peor que podían hacerme… ¿matarme? Ya estaba muerta siendo prisionera aquí.

Él hombre levantó una ceja. Se me quedó viendo unos segundos fijamente. Era increíble lo bien entrenado que estaba por que por más que lo observé, no pude leer ninguna emoción.

 —¿Te estás haciendo la graciosa?

Me crucé de brazos. Ya que él no demostraba nada, pues yo tampoco. Casi con voz aburrida, respondí: —No soy humorista. Solo digo la verdad.

Se me quedó viendo unos segundos más en silencio, hasta que una pequeña sonrisa se coló por la comisura de sus labios. Divertido y mostrando una perfecta sonrisa, me dijo: —Soy Lucio, el beta de su majestad.

Me quedé viéndolo en silencio, consternada. ¿Por qué sonreía? Sentí mis manos que se humedecieron por el nerviosismo y las solté disimuladamente.

—Esta es la parte en donde se supone que debes presentarte. ¡Diosas! ¿Acaso no les enseñan buenos modales en el aquelarre? Y yo que creí que nosotros éramos los monstruos sin educación ni respeto.

Levanté una ceja y me volví a cruzar de brazos. Honestamente, este hombre me tenía totalmente desconcertada. No podía leer nada de él y después ¿se mostraba amigable? ¿Qué se supone que debía pensar?

Me aclaré la garganta. —Nos enseñan muchas cosas. Solo que deliberadamente decido ser grosera contigo. ¿Tienes algún problema con eso? ¡Discútelo con el alfa! —Creo que me pasé de cambio… Da igual. ¡Que le den!

Abrió mucho los ojos. —¡Wow! de verdad que eres una luchadora, bruja. El rey no mentía, cuando me lo dijo. No deberías ser así, ¿sabes? Ten en claro que solo estás viva porque eres la pareja de él. Si fuera de otro modo, te habría matado en el momento que los descubrimos en el bosque. A todo esto, ¿Por qué le dices alfa de esa forma?

—¿Acaso no es alfa? No veo la falta… —no se como sobreviviré a esto. La molestia me recorría entera.

—Es alfa, pero es el rey de todos los Lycan y lobos y tienes que dirigirte como tal. Te guste o no eso te hace la reina.

Blanqueé los ojos mientras le dije: —lo que sea.

Resopló molesto. —Bien, si no quieres asearte, entonces morirás de hambre. Pero te recomiendo que pongas de tu parte si es que quieres salir de aquí.

Eso captó mi atención. ¿Salir de aquí? ¿Qué debía hacer para salir de aquí? —Pues me parece que tienes que empezar a hablarle bonito a estos machos y utilizar los dones que las diosas te dieron…Tienes unos grandes dones… ¡Pues úsalos! —Otra vez esa voz dando su maldita opinión…

Me aclaré la garganta y le dije: —me llamo Elizabeth, pero me dicen Beth.

Él se cruzó de brazos. —Gusto en conocerte, alteza. ¿Ves? Ha puesto que no te costaba nada con ser educada.

Cerré los ojos, ocultando mi total molestia y frustración. Suspiré, me rasqué el puente de la nariz y le dije: —¿con quién se supone que cenaré?

—Con el rey.

Me reí fuerte —Definitivamente no. Prefiero morir de inanición.

Hizo una mueca de dolor. —Como quieras. Pero te lo advierto, luna. El rey no estará complacido. Detesta que lo contradigan o que no se sometan a su voluntad. Eso significa que deberás esperar un castigo.

Sin poder evitarlo, grité: —¡maldito alfa!

Él se rio bajo. —Pues maldito o no, no te escaparás del castigo si no bajas. Suspiró y añadió, —Puedo sentir que eres una alfa fuerte. Quizás es por eso por lo que la tríada te emparejó con el rey. Pero para sobrevivirle, debes ser astuta, majestad. Con él, no solo debes ser fuerte, también ingeniosa.

¿Alfa fuerte? ¿De qué m****a está hablando? ¡Yo no soy una loba! ¡Por el amor a Selene! Luego de eso, se marchó de la habitación, sin decir una sola palabra más, dejándome con más dudas que las he tenido jamás.

Resoplé, absolutamente enfada con todo. ¿Qué m****a haré ahora?

Pues salir de aquí sería una gran idea, perra. —me senté en la cama pasando mis manos sobre mi cara. Odio a mi saboteadora interna… habla cuando uno no le ha pedido ninguna opinión.

¿Sabrá el alfa quién soy realmente? No, no tiene idea y su beta tampoco. Ellos piensan que soy una bruja cualquiera. Es mejor así. Pero aun no puedo evitar preguntarme, ¿Por qué creen que tengo una loba? ¿y que soy una alfa? Nunca he dado ninguna señal de serlo… Mis padres eran brujos normales…

Suspiré, cansada, frustrada, hambrienta… ¿en qué m****a estaban pensando la triada cuando nos emparejó? ¿Se habían ido de juerga acaso? Con Hécate, no me sorprendería…

Pero puedo rechazarlo… ¡Soy una maldita bruja! Sobreviviré al rechazo.

Me acosté y al final, me quedé dormida. No sé qué hora habrá sido, cuando escuché un rugido espeluznante que me despertó, haciéndome saltar.

Asechándome, lentamente, él caminó hacia mi cama diciendo: —mandé a llamar por ti y tú te negaste. ¿Es eso cierto?

Apreté los ojos y los abrí varias veces, intentando despertar. Me tardé unos segundos en entender lo que está sucediendo. Luego le dije: —es cierto.

Un gruñido vibró en su pecho. — Dado que te has determinado a resistirte a someterte voluntariamente, aprenderás a obedecer bajo mi disciplina mediante métodos menos… convencionales.

Me quedé con la boca abierta. —¿Qué quieres decir con eso?

—Oh, ya lo verá, señorita Wardwell. —A esta altura, él se encontraba de pie en frente de la cama, mientras me observaba con una mirada oscura y penetrante.

—Ahora, tendrás tu primer castigo… y creo que será… plenamente gratificante el poder someterte.

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