- ¿Ana?
La llamo suavemente mientras abro la vieja puerta de madera de su habitación.
- ¡Hola hermanita! - habla en voz muy baja debido a su estado de salud.
Me acerco a ella y me siento en su cama, miro su cara tan triste y abatida, mi corazón se aprieta y sangra por no poder hacer nada por mi hermanita tan querida.
Mis ojos se llenan de agua pero no me permito llorar delante de ella, tengo que ser fuerte, demostrarle que hay esperanza, que un día saldremos de aquí, con ella curada y juntos te