Ella...
Me estoy desvistiendo para darme mi merecida ducha y aparece Dani como si el diablo la tuviera poseída.
—Te gusta esa perra ¿no?
—¿De qué hablas?
Se acerca a mí y agarra mi camisa abierta para intentar darme un beso, pero alcanzo a mover mi cara y sólo logra topar mi mejilla.
—Esa putita jamás te podrá dar lo que yo puedo, cariño…
Como pude me zafé de su agarre y la miró molesto.
—Ya para Dani, no sé a qué te refieres y menos me interesa.
—Lo nuestro era maravilloso, Ethan, no puedo creer lo ci