Capítulo 43. El murmullo del engaño.
En el fastuoso despacho del príncipe Arthur, las paredes, adornadas con retratos de antepasados y tapices de colores vibrantes, parecían presenciar la dureza que se respiraba en el aire. La princesa Elizabeth, con su cabello castaño brillando a la luz del sol que entraba por la ventana, entró sin previo aviso. Su rostro reflejaba una mezcla de frustración y firmeza.
—Padre —comenzó, y su voz se escuchó con impaciencia—, no puedo seguir esperando. Este compromiso con Oliver se está retrasando de