Capítulo 36. Un capricho para él.
Más tarde...
Era una tarde tranquila en el jardín, donde el aroma del té recién preparado se mezclaba con el canto de los pájaros. Annelise y la condesa Charlotte estaban sentadas alrededor de una mesa elegantemente puesta, disfrutando de la compañía y charlando. De repente, la puerta del jardín se abrió con un suave chirrido y la princesa Elizabeth irrumpió en la sala con una energía contagiosa y los ojos brillantes de emoción.
—¡Madre, condesa Charlotte! —exclamó Elizabeth, con una sonrisa ra