Capítulo 23. Baile eterno.
Al cruzar la puerta de su casa, Oliver se encontró con la visión de Blair, iluminada por la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana. En ese instante, el mundo exterior se desvaneció y todo lo que existía era ella, con su risa suave y su mirada que lo atrapaba como un hechizo. Sin pensarlo dos veces, la abrazó y notó cómo su corazón latía al unísono con el suyo. La noche era un manto de silencio y los sirvientes, ajenos a su conexión, dormían en la penumbra. Con un movimiento delicado