Zoe abrió la puerta de la cafetería haciendo sonar la típica campanilla. Ya habíamos buscado a Pablo en la recepción y dejó a un compañero que apareció de la nada a cargo mientras él tomaba su descanso.
Entramos y por alguna razón no había tanta gente como las veces anteriores, como mucho habían tres mesas ocupadas. Nos fue fácil conseguir una a lo lejos y sentarnos, cerca de la ventana para apreciar el entorno de afuera en donde pasaban autos de un lado a otro y personas por la acera.
—¿Y bien