Salí de la cafetería, faltar a lo que quedaba de mi jornada laboral no había sido mi mejor opción, pero mi cabeza estaba dando vueltas e incluso estuve a punto de cruzar la calle sin ver a los lados, cuando una mano familiar me detuvo, pude sentir sus uñas postizas aferrarse en mi piel.
Me giré en su dirección y era Zoe, quien había salido persiguiéndome junto a Pablo. Ella me veía con el ceño fruncido y la mandíbula tensa, tal vez por mi actuar.
—Escucha, sé que puede ser complicado recibir un