—¿Oriana? ¿Estás bien? Tu cara parece un tomate de lo roja que está —preguntó Jax desde su asiento.
¿Y cómo no iba a estarlo después de ver a esa garrapatosa pegarse tanto a él como si tuvieran una confianza íntima de hace mil años?
Suspiré para calmarme, no tenía que demostrar lo que sentía para no causar ningún problema, por más que me carcomiera un nuevo sentimiento desconocido que no podía controlar muy bien como a otros.
Recuerda, Oriana, no debes mezclar sentimientos con tu trabajo.
—Desc