[ASLI]
18 de enero, 2020
Tengo los nervios a flor de piel cuando tomo la mano de Benicio, quien caballerosamente me ayuda a bajar de la limusina que nos ha traído hasta la puerta principal del lujosísimo y recién inaugurado hotel D’oro.
Cuando mis pies finalmente tocan el suelo, acomodo con cuidado la cola de mi vestido de gala negro, un diseño sin tirantes que se ajusta a mi cuerpo como una segunda piel. Con una mano sostengo el pequeño bolso de noche y con la otra entrelazo mi brazo con el de