PUNTO DE VISTA DE LUCIEN
Las paredes eran blancas.
Eso era lo primero, lo último y lo único.
Paredes blancas con techo blanco y suelo blanco. Luz blanca que nunca se atenuaba, que nunca parpadeaba, solo quemaba en sus ojos hasta que ya no podía cerrarlos porque cerrarlos hacía la luz más brillante de alguna forma, la hacía vivir dentro de su cráneo.
Lucien no sabía cuánto tiempo llevaba aquí.
¿Días? ¿Semanas? El tiempo no funcionaba bien en la habitación blanca. A veces un minuto duraba horas.