Los días se fundieron.
Catalina despertaba cada mañana con luz solar por la ventana enrejada. Un guardia le traía desayuno. Pan, fruta y a veces huevos. Mejor comida que en la celda, pero aún sabía agrio en su boca.
La dejaban caminar por los corredores del ala este dos veces al día. Siempre supervisada, siempre la misma ruta. Pasando habitaciones vacías y puertas cerradas y ventanas que mostraban nada salvo muros de patio.
Era un pájaro en una jaula dorada. Alimentada y regada y mantenida viva