PUNTO DE VISTA DE SOPHIA
Las piezas estaban encajando con exquisita precisión.
Estaba sentada en mi oficina oculta del sótano que había reclamado silenciosamente para mí semanas atrás —lejos de los arrebatos destructivos de Matteo y de las miradas curiosas del personal restante. La habitación era mi santuario: silenciosa, organizada e intacta. Sin cristales rotos. Sin sangre en el suelo. Solo el zumbido bajo de los servidores y el suave clic de mis dedos sobre el teclado.
El equipo de explorado