PUNTO DE VISTA DE MATTEO
El silencio en la casa era ensordecedor.
Desperté con él: un tipo de quietud que se sentía mal, antinatural, como si el mundo hubiera dejado de respirar. No había suaves pasos en el pasillo. Ni tintineo de tazas de café en la cocina. Ni el leve susurro de las páginas del cuaderno de Isabella mientras fingía ser la esposa perfecta y obediente.
Me senté en la cama, con la cabeza palpitándome por el whisky en el que me había ahogado la noche anterior. La rabia por las pérd