La limusina negra desaceleró y entró por el camino privado a través de una vasta extensión de vegetación. Los grandes portones se abrieron suave y silenciosamente. Presioné mi frente contra la ventana tintada y miré hacia la cima de aquel imponente edificio.
Él iba a vivir aquí.
Pero no lo parecía. Todavía no del todo.
Era una construcción aérea de acero y vidrio, una declaración de autoridad y control. El horizonte brillaba detrás de ella como el telón de fondo de un escenario lejano, y los ba