71. Felicidad familiar
Alys se removió con un leve suspiro y abrió los ojos despacio, encontrándose de inmediato con la mirada intensa y cargada de afecto de su esposo.
—Buenos días, mi amor —susurró ella, con la voz ronca por el sueño y una sonrisa que iluminó por completo el lugar.
—Buenos días, mi vida —respondió Abel, acercándose para sellar el saludo con un tierno beso en la frente—. ¿Cómo dormiste?
—Excelente, querido esposo, descansé como un bebé —contestó ella, apartando las sábanas de seda para levantarse de