63. No eres mi dueño
Maya sintió un leve temblor recorrer por todo su cuerpo, su corazón latió con fuerza y el calor le subió de golpe al rostro —¡Rayos...! Qué guapo se ve cuando se pone así de intenso y dominante—, pensó.
—¡Oye! No eres mi dueño...
Apenas terminó la frase, cuando el hombre selló sus labios con un beso apasionado e intenso. Trató de resistirse por instinto, pero él la sujetó con firmeza, inmovilizó su cuerpo y profundizó aún más el contacto devorando sus labios. A lo cual Maya no pudo resistir