De vuelta en el cementerio, Stefan hablaba con su mujer mientras María Fernanda lo dejaba solo. Mientras tanto, ella sentía la necesidad de recorrer las tumbas y ocuparse de aquellas que habían sido olvidadas. No más de tres tumbas por las que había pasado la mano para quitarles las hojas que habían caído sobre ellas y nadie había limpiado.
De repente, a no más de 5 metros de distancia María Fernanda vio que Stefan se levantaba. Sin duda, era hora de irse. Acercándose a él, le sonrió en cuanto e