XXXVIII
Con su equipaje llevado por las personas que trabajaban para el señor de la Fuente, María Fernanda y su amiga llegaron al palacio de la familia de la Fuente. Elijah ya las esperaba en la sala de estar.

—Parece que el heredero ha llegado—. Elijah saludó a María Fernanda.

—Parece que el guapo tendrá que tragarse sus palabras, ¿verdad? —atacó Adamaris.

Elijah sonrió. Eso hizo que Adamaris alucinara. Era un hombre tan perfecto.

—Por favor, Srta. Adamaris, puede elegir una habitación del tercer pis
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