LVIII

Cuando el Sr. de la Fuente y Adamaris hicieron las paces, justo en ese momento Elijah entró corriendo en la casa. Los guardaespaldas ya le habían contado lo sucedido. Pensando lo peor, corrió directamente hacia la mujer del vestido morado que le daba la espalda. Ella estaba sana y salva, y eso era lo único que le importaba.

—¿Fernanda?

Fernanda volteó y sin tener tiempo de sorprenderse, sólo vio el rostro preocupado de Elijah y luego, sintió la forma en que él ya la estaba abrazando con un movi
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