Capítulo 38. Oponerse al divorcio
Después de que el señor Francisco salió de la habitación, aquellas dos mujeres comenzaron a reír y a bailar solas, muy felices de lo que habían hecho. Sentían que todos los problemas que las aquejaban desde el regreso de Luciana se habían solucionado con un solo y mínimo movimiento.
Pensando en esto, Verónica miró a su hija adoptiva y le dijo:
—Ahora solo tenemos que preparar una boda sencilla lo más pronto posible, antes de que otra cosa suceda y nos arruine todos los planes.
—Sí, mamá. Solo e